Opinión

La salida de Leonel del PLD era Inevitable

Ahora los adversarios, teóricos e izquierdistas de derecha -expeledeístas conversos leonelistas- y ciertos analistas tendenciosos quieren centrar la derrota del PLD en los intentos o escarceos reeleccionistas en torno a lo que fue una posible re-postulación del presidente Danilo Medina -que, de paso, él mismo declinó- y la división o ínfima escisión que protagonizó Leonel Fernández después de su derrota interna. Sin embargo, aunque ambos eventos serían factores para considerar en el análisis, no es menos cierto que, otros factores explicarían mejor el desenlace interno como la derrota.

 

Sin embargo y a grosso modo, hay tres momentos claves para entender que no fueron los escarceos releccionistas (2019) ni la salida de Leonel Fernández los que explican la derrota del PLD, sino más bien, un triple fenómeno de causales (endógenas-exógenas): a) de abandono orgánico e ideológico-doctrinario del partido (ya un expresidente chileno se lo había advertido -creo, 2009-: si están todos en el gobierno, ¿quién cuida el partido?), b) desconexión partido-sociedad (también, bases-jerarquía) y c) obsesión-fijación de Leonel Fernández por volver al poder y creerse el candidato presidencial eterno. Veamos esos tres momentos:

El Leonel Fernández que no jugó su rol-papel de presidente del partido

 

Creo que para nadie que haya estado en el PLD por más de una década sería un secreto afirmar, categóricamente, que Leonel Fernández prácticamente no fungió como presidente del PLD -más que de liturgia y acto protocolares-, quizás por múltiples razones: el estar gobernando, o lo que a mi entender lo llevó a desatender al partido y su función de presidente: se obsesionó con el poder y en esa trampa-ambición dejó o, mejor dicho, estableció, a su conveniencia -mientras fue presidente-, primero un abandono de lo ideológico-doctrinario; y en el contexto de esa “dinámica” fomentó una suplantación orgánica-institucional del Comité Político sobre el todo orgánico, vale decir, del partido como una unidad política-ideológica, doctrinaria y cadena de jefatura donde prevaleciera la institución política llamada PLD y no su liderazgo omnímodo sabiendo que se venía incubando otro proyecto de partido con parecida dinámica a nivel del Comité Político; pero muy diferenciada en el manejo y la visión del Estado y el poder. De suerte, que cuando se dio el relevo -2012-, después de varios escarceos reeleccionistas -no olvidemos los “ingenieros constitucionalistas”-, ya Leonel sabía que su liderazgo había pasado a segundo plano y que ya no tenía la barrita de los decretos y, por lo tanto -y desde su propio modelo de dominación partidaria-, ya el CP no le respondía ni como líder ni como presidente protocolar del partido, pues en ese esquema de “partido”, él, creador de ese modelo, entró, por lógica política y del poder, en declive y devaluación política-electoral acelerada. súmale a ello, una acentuada desconexión partido-sociedad (más que nada con la clase media). Y también, en cierta forma, jerarquía-partido.

 

Por ello, cobraba razón la tesis de la Dra. Rosario Espinal de que, Leonel Fernández, ya fuera del poder (2012) debió dedicarse a organizar o modernizar su partido -y no aspirar- para fomentar democracia interna, contenido ideológico-doctrinario, formación política y ser un ente de equilibrio entre los liderazgos en ciernes que fueran surgiendo. Pero no, pues Leonel Fernández, con su constitución de 2010, se rehabilitó y prácticamente le envió un meta-mensaje a Danilo Medina de que volvería y que, mas o menos, solo le había prestado el cargo-colmado por un período. Se equivocó, se podría decir, medio a medio, porque ya, y desde antes, era imposible la cohabitación de dos liderazgos contrapuestos y su única carta, la de Leonel, era pactar o negociar un tercero, post 2016-2020, con Danilo Medina y no lo hizo, sino que se dedicó a armar su regreso por cualquier vía, incluso, la de la oposición rabiosa y decidida a su propio partido y gobierno, teniendo la carta-salida del desenlace-ruptura: Margarita Cedeño de Fernández. Pero ni para allá miró y ahí, de esos puentes rotos, fue que salió la frase de Margarita que “con candidaturas Danilo o Leonel sería un perder-perder…”, que radiografió el cisma de lo inevitable fomentado, en gran parte, por la obsesión de poder y ego-herido de Leonel Fernández. Lo demás es historia.

 

El Leonel Fernández líder de la oposición a su propio partido-gobierno

 

Ya convencido Leonel Fernández de que no era el líder real del partido, pues había quedado en minoría a nivel orgánico, es entonces, que echa a andar y ensamblar su estrategia de forzar su regreso y a conquistar su nominación presidencial obviando que en la nueva correlación de fuerzas internas él no tenía posibilidades de imponer su candidatura, pues para Danilo Medina y el comité político ya Leonel había sido tres veces presidente y, en consecuencia, si era inviable una reelección de Danilo igual lo sería una cuarta postulación -con mira a cinco- de Leonel y ahí se desataron los demonios y una guerra que al principio fue fría-soterrada; pero que luego fue abierta y descarnada. Lógicamente, Leonel, en esa etapa, tenía que dar el pleito adentro, para radicalizar su simpatía interna -y llevársela-, y por ello, asumió una de las dos posturas en debate frente a las primarias -o ley 33-18 y 15-19-, pero solo como escaramuza, pues estaba solamente tratando de ganar tiempo para ver si ganaba (ilusión óptica) y si no, irse como finalmente hizo. Pero, antes, y en aquella reunión memorable, para decidir sobre la modalidad de primaria, solo un dirigente tuvo el coraje de enrostrarle su incoherencia -porque defendió y acordó una cosa; pero hizo otra-: Melanio Paredes.

 

A partir de ahí, y ya derrotado en las primarias internas, Leonel apeló, primero, a un fantasma ya superado en nuestra historia electoral: el relato del “fraude” -que Balaguer hizo de antología-; luego fracasado en esa estratagema interna, le dio, a su discurso y accionar político-electoral, un giro definitorio y de confrontación abierta e inaudita: paso a jugar y suplantar a la oposición en contra de su propio partido y gobierno, al punto, que arrastró a toda la oposición que no encontró mejor aliado y momento para encampanarse. En esa correría de supuesta “lucha-causa” o “defensa” de la constitución, la suya de 2010, Leonel llegó tan lejos como pactar con sus adversarios y detractores históricos: el PRM -o el PRD mayoritario que cambió de siglas y su batería intelectual-mediática-. Antes esa embestida -bestial e irracional- de Leonel, Luis y el PRM entendieron que su trabajo ya no debía ser de ataque afrontar al PLD y su gobierno, pues Leonel suplía bien esa parte-tarea, sino vender el “Cambio”. En ese contexto vinieron dos eventos desfavorables para el PLD, el gobierno y su candidato: la suspensión de las elecciones municipales programada para febrero; y lo imponderable, la pandemia del Coronavirus. A ello se sumó, la falta de gerencia efectiva de la JCE y que al PLD se le tiró ese muerto a través de una bien orquestada propaganda periodística-mediática de la oposición -y su periferia intelectual-mediática- que terminó haciendo suya, también, la clase media y ciertos sectores del empresariado que comenzaron a mudar de piel y apostar por la oposición (pero tampoco el PLD supo articular una estrategia política-mediática adecuada y efectiva para para contrarrestar esa ofensiva). En primer lugar, por lo prolongado que se proyectaba la crisis sanitaria y su coste, y, en segundo lugar, porque olfatearon, al igual que Leonel, que el Norte ya se inclinaba por la oposición (y sabía que no era por él -su defensa del actual régimen venezolano no lo hacía potable-, desde ahí, asumió a Abinader como su candidato; y lo de su interés por la segunda vuelta o balotaje, fue cuento-señuelo para los que lo siguieron con la excepción de los Vincho que, en mi opinión, si sabían de su pacto-engaño-. Por algo, lo celebraron, el triunfo de Abinader, como suyo). Para más ceña, Leonel terminó asumiendo la consigna del PRM (otrora grito de la Marcha Verde): “¡Se van!”.

 

Por demás, especulo y estoy convencido que Leonel fraguó, con Luis Abinader, una alianza estratégica más allá de lo municipal-congresual. José Francisco Peña Guaba, en un reciente artículo, lleno de honestidad y autocritica, deja entrever, como un error y no como una estrategia-pactada, la falta de mira y de perspectiva política-electoral que los cegó; pero sobre todo a Leonel Fernández. Oigámoslo:

 

Nuestras fuerzas trabajaron para el PRM. La Fuerza del Pueblo y sus aliados a saber: PRSC, BIS, PQDC, PUN y FNP lo único que hicimos fue aumentar el mercado electoral de oposición, el cual no podíamos suplir porque nuestro candidato, aunque era el mejor y el más experimentado, no tenía el posicionamiento del ganador, por lo cual fortalecimos a Luis y con nuestro radicalismo anti gubernamental, le hicimos la campaña a la verdadera oposición que siempre fue Luis y el PRM.

Todos nuestros esfuerzos y recursos se orientaron a favorecer a nuestro aliado opositor, las declaraciones de confrontación de Leonel, el twitter látigo de Vinicito, las Reflexiones de quien esto escribe, lo único que hicimos fue ser los auténticos jefes de campaña del proyecto perremeista y, para colmo de ingenuidad, con las alianzas municipales y senatoriales construimos relaciones primarias de nuestra militancia con los perremeístas, que al final fueron utilizadas para que en la operación remate se llevaran para su redil nuestro mejores cuadros. Hoy nuestra dirigencia nos cuestiona porque entiende que “en buen español trabajamos para otros.”

Eso, por mas que se quiera autocriticar -y es válida y honesto de su parte-, no fue, amigo Peña Guaba, algo fortuito. Es el develamiento de lo que, no explicito, Leonel Fernández pactó con Abinader-PRM.

 

El Leonel Fernández herido en su egocentrismo y su pacto-estratégico con Luis Abinader y el PRM

 

Insisto, Leonel Fernández fue mas lejos en su alianza municipal-congresual con Luis Abinader y el PRM. Por ello, en el fondo, es compromisario del éxito o fracaso de este cuatrienio que inicia el 16 de agosto. Eso pronto o, en algún momento, aflorará.

 

Mientras, comparto la tesis-epitáfico de la socióloga Rosario Espinal: Leonel Fernández es “el último caudillo ilustrado”. Y por mas que lo disimule y quiera levantar, en lo adelante, un muerto-franquicia -su Fuerza del Pueblo- que ni siquiera alcanzó el 5% de los votos, esta “liquidado”. Ahora, que el PLD sepa que su único objetivo es: destruirlo. ¡Que nadie se llame a engaño!

 

Por último, Leonel Fernández no es el responsable de la derrota del PLD; sin embargo, sí contribuyó, más que en con votos con percepción pública y franquear a Abinader en su papel de candidato de atajadera -enfiló todos sus cañones hacia el PLD y su candidato, dejando ileso a Abinader-. ¿Odio, venganza o qué? Evidentemente: un pacto aún no explicito públicamente; pero que, algún día, saldrá a flote o dejará ver el refajo.

 

Epilogo

 

Así las cosas, y Mauricio De Vengoechea -asesor-estratega de campaña de Abinader-, lo acaba de confesar: y se daba con Leonel Fernández como cabeza, “seguramente hubiésemos ganado, pero habría sido mas fácil”. Yo también, lo hubiese creído así por dos razones: su alta tasa de rechazo, y que su nicho electoral no llegaba más que a una franja del PLD. Y si hay duda, al respecto, mírese la gráfica-curva de descenso-zigzagueo de Leonel Fernández post primarias del PLD: en octubre -2019- casi 900 mil votos, en marzo, 122 mil y en julio-5, 233 mil votos. Porque la fábula-relato del “fraude” y los dos millones de votos -que nunca aparecieron- fueron el mito-embuste que él se creyó y vendió en su ego-herido y delirio de invencible.

 

 

El autor es político y ensayista.

FUENTE: http://loultimodigital.com

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